Bolt nació hace 23 veranos en Trewlany, en la costa noroeste de Jamaica, en el seno de una familia modesta cuya mayor referencia deportiva había sido su padre, Wellesley, quien de joven había sido jugador de cricket. Pero Usain prefirió el atletismo.

No cumple con el arquetipo de velocista fornido, contundente y que afronta cada carrera concentrado en sus tacos de salida. Bolt reparte sus 86 kilos de peso en 196 centímetros de altura y pasa los minutos previos a cada carrera saludando al público y evadiendo su mente de malos augurios.

Cuando la pistola se dispara, echa a volar, porque él hace tiempo dejó de correr, y no gira la cabeza hacia el reloj hasta que, una vez que ha cruzado la línea de meta, sabe en sus adentros que ha hecho algo importante.

Usain Bolt es un tipo sincero, sencillo, realista y fiel a sus valores y creeencias. Cuando empezó a destacar como júnior y fichó como técnico a Glen Mills, tuvo la opción de irse a entrenar a Estados Unidos, pero prefirió quedarse en su querida y cálida Jamaica.

¿Qué hace cuando no compite?

Cuando no está compitiendo, le gusta desestresarse con sus amigos, comer hamburguesas en el McDonalds, jugar a la consola, ver partidos del Manchester United (su equipo favorito), conducir su BMW M3, o ir de fiesta. No se separa de su Ipod, donde se puede escuchar a Little Wayne, Charlie Black, reagge o música electrónica. Hacer de Dj es su otra gran habilidad.

El jamaicano, el mismo desconocido que llegaba a Pekín hace casi un año, es ahora un ídolo en su país y un icono en el mundo entero. En Facebook, por ejemplo, tiene una comunidad de fans que supera el millón y que cada día comentan y debaten sobre sus hazañas. Y es que ayer, 20 de agosto de 2009, como hace cuatro días, pasará a la historia por una nueva página de oro en el manual del buen corredor del atleta jamaicano.

Bolt, desafiando a propios y extraños, volvió a parar el mundo haciendo una marca de 19.19 en la final de los 200 metros lisos del Mundial de Berlín. El domingo rebajó su récord de 100 en 11 centésimas también (19.58). Este showman ha demostrado que es un hombre de retos y de leyendas. Una leyenda a la que seguro le quedan más capítulos que escribir.