Es alguien que conoce el madridismo desde sus entrañas, porque lo ha mamado desde que era un chaval. Ahora vuelve con las ilusiones renovadas. Vuelve por primavera. Como la moda o como las alergias. Pero es lo mejor que le podría pasar al Madrid visto lo visto.

Sabe como recuperar la ilusión a golpe de talonario y gestiones que van más allá de lo puramente administrativo. Para algunos es el "nuevo Dios" del emporio futbolístico y no sólo del de la construcción. Que como el propio protagonista dijo: "Confíen en mi, que los números se me dan muy bien".

Vaya que si se le dan bien, pues trajo bajo el pan y en campaña al mismo Luis Figo y puso encima de la mesa la friolera cifra de 75 millones por un jugador, algo que hasta ahora nadie había osado en hacer. El jugador era el mismísimo Zidane. Un futbolista que enamoró al planeta con sus regates y "delicatessen" sobre el césped.

Pero si algo de reproche tiene Florentino Pérez es el creerse "un ser superior" como ya le bautizara Emilio Butragueño. En sus discursos está "el yo". Porque se siente protagonista en todo momento, porque en definitiva se idolatra a sí mismo. Él es su mejor aliado. Aunque confiesa que le costó convencer a su familia.

El Real Madrid es una gran empresa. Él sabe más que nadie como amasar el dinero, pues fue el artífice de las giras por Asia y los Estados Unidos. Veremos ahora, una vez cazado David Villa si también desembarcan los que completarán su cartel, para torear mejor a su principal adversario, Juan Onieva. Ya suenan nombres como Kaká o Cristiano Ronaldo. En el banquillo la cosa está más complicada tras el "no" de Arsene Wenger. Veremos lo que pasa.